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miércoles, 29 de abril de 2020

EL SACRIFICIO DE VIVIR EN UN BALNEARIO. Columna de Opinión

Columna de opinión por Constanza Jana Franzani, arquitecta, directora de Fundación Territorios Colectivos.

Como me crié en Contulmo, un pueblito pequeño en medio de la Araucanía, cuando me trasladé a vivir de Santiago a Algarrobo en el 2013, sabía que la decisión implicaba renunciar a muchos beneficios de la gran ciudad, porque para mí, igual que para cualquiera “de provincia”, la desigualdad territorial es lo natural. Tengo claro que el tener que lidiar con una falta de recursos y oportunidades que raya en lo irrespetuoso en áreas de salud y educación pública, vivienda, trabajo, etc. es parte del día a día de la mayoría de los chilenos, sin embargo, para los que viven fuera de Santiago, la inequidad se incrementa, por ejemplo, el tener que viajar a otra ciudad para acceder a un hospital de calidad, estudiar o trabajar encarece y complica aún más la vida cotidiana de las personas.
Sin embargo, lo que no esperaba encontrar detrás de la postal de la “capital náutica de Chile”, fue una de las verdades que reveló una de las primeras cosas que me dijeron al integrarme a la comunidad Algarrobina: acá, en el verano, las vacaciones y los feriados hay que “sacrificarse” mucho para atender bien al turista. Inicialmente pensé que la frase tenía sentido sólo porque la temporada alta es corta y el resto del año es muy poco rentable, sin embargo, con el tiempo he ido descubriendo que el sacrificio que supone para los habitantes de una comuna balneario el sostener el modelo de turismo extractivista, sobre el cual cimentamos el crecimiento, sin desarrollo, de nuestras localidades costeras, va mucho más allá de la estacionalidad del rubro.

Uso el término extractivista de manera responsable, ya que al igual que las industrias que basan sus negocios en la extracción depredadora de los recursos naturales, el turismo industrializado e informal, sin regulación, de consumo desmedido, va dejando en su avance grandes daños ambientales y acrecienta las desigualdades sociales en los territorios. Para entender la magnitud del negocio en la zona, según SERNATUR, en el litoral central (en sus cuatro comunas), se reciben en total más de 2,5 millones de turistas cada verano.

Condominios Algarrobo Norte
Basta con observar un tiempo nuestras ciudades para notar como son el resultado de un largo proceso de apropiación y uso del territorio de estilo neoliberal, que también vemos en la mayoría de nuestras ciudades, con la particularidad de que el trazado urbano se ha ido forjando en función del interés de la industria turística, es así como en nombre del crecimiento económico, hemos sacrificado gran parte de nuestro patrimonio natural y cultural, que es justamente lo que nos da valor turístico y hemos postergado, como ciudadanos, nuestro propio derecho a ocupar el territorio, como si los paisajes no fueran nuestros, si no que parte de un hermoso escenario para el disfrute de los turistas y nosotros, residentes detrás de las bambalinas. 

Lejos de lo que puede parecer, este proceso no es orgánico ni casual, es gracias a planes reguladores y políticas locales pensados para fomentar el negocio inmobiliario a gran escala y la venida de más y más turistas, no residentes. Como consecuencia, los residentes hemos perdido el libre acceso a muchas playas, junto con cualquier posibilidad de fiscalizar sus usos o la protección de su flora y fauna, observamos, desde lejos, como en las áreas rurales, en torno a la línea de la costa se instalan cientos de parcelas de agrado, propiciando el desarrollo urbano precario, sin servicios, que existe en una suerte de informalidad e ilegalidad, fuera del plan regulador y sin planificación alguna de urbanización, llamando especialmente la atención el tema sanitario, donde los propietarios, de manera individual y sin restricciones, perforan el suelo y extraen agua de vertiente para usos que suelen incluir piscinas y céspedes siempre verdes, sin consideración alguna por la crisis hídrica que afecta a la región. Por otro lado, en el radio urbano grandes inmobiliarias están amurallando el borde costero con torres de decenas de departamentos de veraneo, con piscinas tipo lagunas, ostentosamente grandes, arrasando valiosos sectores de ecosistemas naturales, como campos dunares y humedales, que nos protegen del riesgo de inundaciones o tsunamis.

Las cifras del censo de 2017, demuestran que la planificación que hicieron las autoridades de la década de los 90, en conjunto con las grandes inmobiliarias que dominan el mercado local, ha sido exitosa en convertir a Algarrobo en una comuna que su principal servicio es alojar segundas viviendas: Algarrobo tiene 13.817 habitantes que ocupan sólo el 28% de las viviendas construidas en la comuna, mientras que el otro 72% corresponde a segundas viviendas desocupadas y sin datos del porcentaje de ocupación en la época estival. Esto no ha traído el desarrollo de servicios permanentes para sus habitantes, porque no parece tener sentido el desarrollo de servicios cuando no ‘se ocupan’ en el invierno.

Vecinos Manifestándose 
Toda esta sobre explotación turística, además de estar destruyendo nuestros recursos naturales y paisajes y hacer colapsar nuestros sistemas y servicios en temporada alta, ha creado una dinámica de dualidad en nuestra pequeña sociedad, que hoy, en el marco de la crisis generalizada que ha causado el Coronavirus, se muestra de manera tan concreta que podemos ver como los dos tipos de habitantes que reclaman propiedad sobre nuestro territorio, los vecinos y los turistas, llevan semanas, literalmente, peleándose en las calles por acceder a Algarrobo y varias otras comunas balneario de la quinta región que presentan situaciones similares a la nuestra. Los vecinos han estado tomando medidas, desde las más extremas y desesperadas como levantar barricadas y poner lienzos, hasta las más cívicas como levantar hashtags en redes sociales y enviar cartas a autoridades, para alertar sobre lo obvio: lo muy desprotegidos que nos sentimos, la precariedad de nuestros sistemas y lo poco que tenemos disponible en realidad para atender, incluso si fuera sólo a todos quienes tienen una propiedad acá.

Esto último me lleva a la reflexión que dio origen a esta columna: junto con todas las demás falencias de nuestro sistema neoliberal, que han quedado expuestas en las últimas crisis sociales, desde el estallido del 18 de octubre hasta la cuarentena, también es evidente que nuestro modelo turístico, extractivista, sobre el que “planificamos” nuestras ciudades que cuentan con riquezas naturales, especialmente en las comunas balneario de la costa central, se está volviendo insostenible. En Fundación Territorios Colectivos creemos que es fundamental integrar criterios de sustentabilidad y equidad sobre el derecho a la ciudad, así como mejorar los canales de participación ciudadana vinculante, para empezar a entender de verdad y valorar las identidades locales en cada territorio, especialmente considerando que nuevos factores externos, como el del cambio climático, seguirán poniéndonos en escenarios de crisis en un futuro cercano, de lo que Cartagena y Algarrobo ya son ejemplo al estar bajo el riesgo de perder sus playas y borde costero, según lo expuso un panel de expertos en el Seminario Borde Costero, una mirada desde la sustentabilidad[1], en septiembre pasado.

Finalmente, urge tener una discusión amplia y con participación ciudadana que nos permita avanzar hacia un cambio de modelo, que sea capaz de atender aquellas demandas ineludibles de los residentes y que revierta aquellas vulnerabilidades que emergen del modelo actual, poniendo como eje central la realidad y calidad de vida que los territorios poseen por sobre el modelo económico y que nos conduzca hacia un estado posneoliberal.

" Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no representan necesariamente el pensamiento de Algarrobo Digital "

5 comentarios:

  1. Aun siendo una copia de opiniones en articulos anteriores, este articulo refleja solo en parte lo que hay que hacer y no tiene razon cuando dice que la ciudadania de Algarrobo exije un cambio en la vision de las cosas. Ademas, el articulo, todo esto lo plantea como una reinvidicacion cuando no lo es. Ademas este articulo acepta vivir en un balneario cuando es la causa de todos los males. Y por ultimo cuando solicita que estos cambios se realicen en conjunto con los ciudadanos no tiene sentido porque la autoridad de mala forma cree y dice que ya lo hace, que ya interpreta a los ciudadanos, entonces de que se habla?. Algarrobo debe dejar de ser Balneario, ese letrero lo esta convirtiendo en chiquero insufibre, egoista y perverso con el desarrollo sano.

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  2. Si todos pudiéramos vivir en espacios que se nos antojan a nuestro arbitrio, no habría civilización Algarrobo es un balneario dependiente en su economía de los veraneantes y gente que desea descansar. De lo contrario sería un pueblucho sin economía, con viejitos jubilados y señoras tejiendo. Señora, deje de escribir tonteras y acepte la realidad de los lugares que son de todos de lo contrario búsquese una parcela, póngale cercos y haga lo que quiera pero no pretenda cautivar los lugares públicos, como lo hace la izquierda de la primera línea. Chile es y será de todos.

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  3. Lo que dice contingencia tiene razon y tambien lo que dice Angel. Que existan veraneantes y gente que quiera descansar lo puede hacer en una ciudad y no en un balnerario. De hecho las personas que no son veraneantes lo agradeceria de sobremanera. La calidad de vida aumenta en una ciudad y no en un balneario. El desarrollo humano aumenta en una ciudad y no en un balneario. Una ciudad costera-rural permite un desarrollo armonico e integral de las personas. Ahora, si se considera que en Algarrobo viven muchos viejitos jubilados, entonces que lo hagan en una ciudad y no en un balneario, lo pasarian mejor, habria mas oportunidades de gozar la vida. Y sobre el unico recurso que tiene Algarrobo proviene de los veraneantes, es cierto pero tambien del estado, pero eso sucede solo porque es balneario, en cambio una ciudad tiene y obtiene recursos distintos y de distintas fuentes, ademas de veraneantes. Una ciudad permite vivir mas en armonia y con un desarrollo mas duradero,proteje y genera mas de lo que hay.
    Una ciudad bien llevada produce mas igualdad y potencia el bienesrar de las personas mucho mas que un balneario. Un balneario o vivir en balneario es un sueño irrealizable en estos tiempos, en los años 60 y 70 se soñaba con eso, ahora produce solo segundas viviendas y desarraigo de la comunidad. Las personas que no son veraneantes agradeceran una ciudad en vez de un balneario, ademas, por el futuro de sus hijos y los "viejitos jubilados, como dice, tambien lo agradecerian por el aumento de infraestructura y actividades alejandolos del aburrimiento y falta de oportunidades. En eso estamos.

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  4. Bravo!! Pero nunca subestimar la estupidez. Lamentablemente, hay un montón de residentes permanentes de Algarrobo sin problema ninguno a sacrificar la belleza natural de nuestros playas y humedalas--el razón muchos de nosotros quieren vivir acá--para ganancias en el corto plazo. La gente falta visión para lograr planificación sostenible y equilibrada para el largo plazo. Buena suerte con su lucha. Giselle Tucker

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  5. Muy interesante debate, curiosamente insostenible sin política, economía y demografía dando respaldo REAL y no febriles post verdades Mágicas. Es pueril y ochentista responsabilizar al neoliberalismo por la inconsecuencia de quienes equivocaron su inversión "natural paisajista" en primera fila al litoral, suponiendo que las inmobiliarias satisfarían su codicia, al entregar cada una de SUS unidades de preferencia (incluyendo a los numerosos mineros, que compraron Algarrobo con bonos de fin de conflicto)….. Si a ese neoliberalismo, se refiere la autora del paper, estamos haciendo pipi fuera del tacho. El planeamiento es herramienta de la buena política, NO delirio de Utopias y para ser exitoso, debiera tener NADA de sentimientos o sensaciones originados en barimetrías de guata o tincada. Para eso las mayores garantías debieran provenir de los respaldos demográficos, soporte socio-político-económico asertivo en su análisis e instrumentación. El mayor ejemplo chileno de lo contario: fue el lamentable Transantiago. Es demasiado fácil y gratuito, determinar que el CAMBIO del Planeamiento Urbano, será eficaz cuando no se desarrolle en función neoliberal. Menudos fracasos han sufrido los paises socialistas que postularon lo contrario, baste verificar la historia reciente y presente de otros modelitos ejemplares.
    El equilibrio constructivista de desarrollo, pareciera debe ser un esfuerzo de mayorías participativas y no tanto de extremismos o polarizaciones tan promovidas y en boga.
    Me gusta suponer que una vuelta de rosca de la imaginación y el planeamiento al poder, pudieran agregar inteligencia a esta movida visceral y demasiado circense, encubriendo anarquía desordenada en las livianas ideas y acciones de pañuelos multicolores identificatorios en diversidad de grupos reclamadores de TODO. Una humilde opinión

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