sábado, 2 de junio de 2018

“LA ÚLTIMA FRONTERA”. Howard Fast. BOLETÍN LITERARIO N° 245: SELECCIÓN DE PÁRRAFOS. SECCIÓN LITERARIA

Para quienes gustan de la buena literatura
Boletín literario preparado por Eduardo Trucco B. (*) en el cual ofrece una selección de párrafos, invitando a compartirlos y comentar.

“LA ÚLTIMA FRONTERA”. Howard Fast. Ediciones Siglo XX, Buenos Aires, 1954. Escritor estadounidense, autor de muchas novelas. Un grupo de indios cheyennes – Pequeño Lobo y 60 de sus hombres, huyen el año 1878 desde Fuerte Reno; logran llegar al Norte del país y perderse en tierras desconocidas. “Hechos como esos no pueden ser inventados. Simplemente han sucedido, en ese extraño y terrible mundo de la verdad.” Es la hazaña de un pueblo movido “por un profundo instinto  de retorno a su antiguo hogar.” (1)

Fast fue uno de los escritores más prolíficos del siglo XX, con una producción de más de 80 libros -más relatos cortos, artículos periodísticos, guiones de cine y poesía-, en una carrera que comenzó a principios de la década de 1930. Con novelas como El ciudadano Tom Paine (1943), Camino de libertad (1944) y Espartaco (1953), Fast consiguió la aclamación popular por su autenticidad y su detalle, creando relatos que incluso sus críticos admiraban y consideraban libros que se devoran de una sola tirada. La ficción de Fast fue siempre hasta cierto punto didáctica, se oponía al modernismo, se preocupaba por la lucha social, e insistía en tomar partido y en enseñar lecciones vitales de importancia moral, y a él le gustaba escribir de esa forma.


Selección de párrafos:

  1. (Presentación de la obra) “La experiencia histórica demuestra que aquello que es injusto en la teoría, no puede ser justo en la práctica. Los hombres tienden a engañarse a sí mismos sobre este punto, pero el resultado final probará siempre la verdad de este axioma.” Carl Schurz, Pág. 5.

  2. (Refiriéndose a los cheyennes) Sin embargo tenían una falla imperdonable; consideraban que la tierra en la que habían vivido les pertenecía. Pág.13.

  3. Estaba haciendo todo lo posible por no odiarlos, por razonar y ver algo de justo en sus quejas. Pág. 31.

  4. Son orgullosos, callados, como los irlandeses.
     - Nunca ví un irlandés callado – dijo Fritz.
     - Un profundo silencio del alma. Usted no entendería. Pág.44.

  5. Pero en sus rostros surcados por líneas profundas había menos odio que amarga curiosidad. Pág. 45

  6. Permanecía sentado así hasta que una gris y húmeda insinuación de amanecer se deslizó dentro de la tienda. 69.

  7. - Cuanto antes se acabe, mejor – murmuró para sus adentros, pensando que los hombres matan a un perro cuando no pueden seguir soportando la contemplación de sus sufrimientos. Pág. 79.

  8. El viejo jefe bajó las manos lentamente; tenía el rostro terroso arrugado por una sonrisa que era mitad piedad y mitad pena. Desnudo hasta la cintura, desarmado, estaba sentado sobre su caballo, expuesto al sereno juicio de los siglos. Pág. 84.

  9. Murray podía percibir vagamente el extraño fatalismo de un pueblo que, tomada la decisión de hacer algo, procedía a hacerlo, indiferente a cuanto pudiera interponerse en su camino. Pág. 88.
10. Nunca había podido volcar con facilidad en palabras conceptos emocionales o siquiera pensamientos; pero le parecía ver su propio destino enlazado y terriblemente unido al de esta pequeña aldea de salvajes. Pág. 97.

11. Todo eso probaba que no se sabe nada acerca de un hombre, prescindiendo de su fama, hasta verlo en su hogar, rodeado por su familia. Pág. 101.

12. El general odiaba las huelgas; eran una vaga amenaza que lo enfurecía con una especie de rabia desesperada. Pág.102.

13. Él también había sido soldado y conocía el sistema militar, pero al mismo tiempo había que pensar que una bala no era el remedio para todas las dolencias. Pág. 109.

14. Comió con la cuidadosa concentración del hombre que ha perdido temporalmente la tranquilidad en un intento de recordar los pormenores de algún asunto insignificante. Pág. 110.

15.  – Cuando un hombre se vuelve viejo y de barba, va abandonando una creencia tras otras; en el interior de su cabeza se va pudriendo el deseo de bondad y libertad.
     - O la edad trae un poco de cautela y otro poco de sabiduría. Pág. 121.

16. Para un hombre no es imposible hacer algo tan simple como ir a su tierra. Pág. 122.

17. Sutton bebía con la lenta obstinación del hombre que quiere emborracharse y le resulta difícil. Pág. 133.

18. Su primer impulso era seguir adelante. Se había tornado en un doloroso, hiriente deseo en su interior, encontrar nuevamente a los indios, volver a golpearles, arrojar más y más fuerzas sobre ellos; era un deseo que supuraba como una llaga viva. Pág. 165.

19. …no podía uno apartarse del hecho, el hecho de que un pueblo se decidiera a cruzar mil millas de terreno plagado de guarniciones para volver al hogar y ser libres. Eso era algo que ellos entendían; era una locura, pero en cierta forma, era admirable. Pág. 166.

20. Wint asintió, atisbando en la no aún total oscuridad, esa media noche de la pradera que era como un canto, el viento en coro, el alto pasto doblegado, los árboles retorcidos, la lejana y sombreada línea del horizonte con el cielo infinitamente pálido, privado de luz solar, no compensada. Pág. 180.

21. Los búfalos fueron eliminados, en increíbles pocos años, por los cazadores de cueros. Pág. 192.

22. América no había visto nunca antes semejanza matanza; y es dudoso que alguna vez, en el curso de la historia del hombre, millones de libras de carne comestible se pudrieran bajo el ardiente sol.

23. Para los indios éste era, de entre muchos crímenes, el crimen que menos entendían, el que los golpeó con más saña y más trágicamente. En las llanuras, desde tiempos que escapan a la memoria, el búfalo había sido su vida… Pág. 193.

24. …en Cheyenne, una palabra es una palabra, pero una oración es también una palabra y diez oraciones pueden brotar como fluyente agua, todas una palabra. Pág. 199.

25. Sherman era sincero; le faltaba imaginación y brillo, pero era sincero. Pág. 200.

26. Y Ferguson había visto a cada uno de esos muchachos en actitudes humanas, en el triste ensimismamiento de hombres que viven simplemente. Pág. 212.

27. - No podía explicarle a Wint cómo era quedar vacío, perder la fe en todo, en la causa que uno servía, en el uniforme que uno llevaba, en las cosas en que uno había creído. Pág. 216.

28. Mucho tiempo atrás había llegado a la conclusión que no existían verdaderos villanos; jamás había encontrado un hombre subjetivamente malo, el clásico personaje de maldad, poder y brillo. Pág. 217.

29. Un blanco puede conocer a un caballo, pero el Cheyenne es parte de su poney, capaz de transmitirle sus deseos por una presión de la mano, una caricia, una palabra susurrada. Pág. 226

30. Su mudo relato era de hambre, privaciones, sed, sufrimiento, pero en su relato no había ostentación: y el orgullo de sus desesperadas, quebrantadas almas, se transmitía a los soldados. Pág. 237.

31. – Quiere que lo dejemos solo…
     - Algo así como que van a su tierra, simplemente a su tierra. Deberíamos alejarnos…
   (Refiriéndose a Pequeño Lobo) …Y el viejo quedó entonces parado, solo, extraño, anciano, frío, cansado, sin propósito ni fin determinado, con todo el dolor de la edad, viendo demasiado, sabiendo demasiado, sufriendo demasiado. Pág. 241.

32. Todo lo que estuviera fuera de él existía en otro mundo; su egoísmo era primitivo y directo, instintivo más que calculado. Pág.249.

33. Y así las fuerzas adquirían vida y los hombres pequeños eran movidos sobre un vasto tablero de ajedrez. Pág. 257.

34. En Fuerte Robinson no había mujeres, ni música, ni libros, ni forma alguna de entretenimientos salvo el inacabable póker, las interminables partidas de whist. Entre los reclutas, un sombrío malhumor se hacía más negro de día en día… Pág. 261.

35. Los indios no mueren hasta que quieren hacerlo. Pág. 263.

36. Estaban sucios y conscientes de ello, incómodos con todo el horror subjetivo de una raza limpia. Pág. 265.

37. Dicen que hace mucho tiempo que están muertos; dicen que un hombre está muerto cuando su hogar le es arrebatado, cuando se convierte en un esclavo en una prisión. Pág. 268.

38. Esa era furia abierta; por debajo corría una constante y sombría mezquindad. Pág. 271.

39. Tenían allí una flauta, y a veces, la fúnebre música a bajo tono acompañaba sus gimientes cánticos de muerte. Era el último, primitivo réquiem de una raza condenada. Pág. 273.

40. …los ancianos, los jóvenes, las esposas y madres y padres y hermanas y hermanos todo uno en la fría tortura, la vergonzosa llama abatida de lo que fuera una raza orgullosa y feliz. Pág. 275.

41. Para las tropas, para los oficiales, este era el instante de liberación, total liberación de la envolvente presencia de los indios, del espectro de un pueblo pagano que daba un insano y extraño valor a lo que llamaban su libertad. Pág. 285.

42. Wessels asintió; por primera vez en su vida se vio forzado a sentir las innumerables capas ocultas del alma de un hombre. No quería profundizar… Pág. 291.

43. Schurz suspiró.
     - No se logrará ningún bien haciendo tanto ruido por nada. Cuando algo se acaba, se acaba, y debería ser olvidado, ¿no? Pág. 305.

44. ¿Pero olvidará la gente que Carl Schurz dijo, nada puede ser injusto en teoría y justo en la práctica? Pág. 306. [Schurz era Secretario del Interior, y quería “tapar” todo lo ocurrido.]

45. (Palabras finales del autor) Me topé por primera vez con la pista de esta historia al leer “Powder River”, de Struthers Burt. Allí, un párrafo me dio el indicio de lo que probablemente fuera la más grande lucha en condiciones trágicamente desiguales de toda la historia de la humanidad. Y también una epopeya del deseo del hombre de lograr su libertad personal. Habiendo decidido que la historia debía ser contada en detalle, emprendí la búsqueda y reunión de los elementos.
   Caí en el común laberinto de falsedad e inconsistencia que premia cualquier intento de desenterrar una historia no contada de ya más de sesenta años. Pág. 312.




[1]  Howard Fast fue un excelente escritor; ahora se publica poco y se lee menos. Hemos publicado obras de Fast en varios Boletines Literarios; al menos a la edad de 14 a 17 años, son obras formidables; entre ellas: “Espartaco”, “Mis Gloriosos hermanos” y la que presentamos en este Boletín. Todos, libros que formaban parte de la biblioteca de los padres del director del Boletín.






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(*) Eduardo Trucco Burrows, es abogado de la U. de Concepción. Reside en Algarrobo, en el condominio “Campomar” (camino a Tunquén). Ha estado ya casi dos años interviniendo por la defensa y protección de los ecosistemas de la playa de Tunquén, contra la invasión de inmobiliarias y demás personas que no tienen escrúpulo alguno en destruir toda la playa, el humedal y el santuario de la naturaleza. Lo que se presenta es un trabajo sencillo: leer obras escritas en español, subrayar lo que nos parece interesante, bello, atractivo, divertido o sorprendente; enseguida, haciendo una cuidadosa selección de todos los párrafos que se ha subrayado, se traspasan las citas – generalmente sin comentarios – al boletín.

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